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‘recortes diarios’, de Berta Sanz Román o el collage de vivir

‘recortes diarios’, de Berta Sanz Román o el collage de vivir


By Josep Manesés

«Recortes diarios», de Berta Sanz Román, es un poemario y artefacto artístico que indaga en la identidad y la incertidumbre a través del collage con prensa escrita. Esta ópera prima propone un juego entre lo cotidiano y filosófico explorando la soledad y la nostalgia con un formato visual que trasciende la lectura tradicional

Berta Sanz Román, nacida en 1994 y profesora de primaria, debuta en el panorama literario con una obra que conecta con tradiciones vanguardistas consolidadas. Su labor pedagógica parece filtrarse en la paciencia y el mimo con que ha diseñado el libro, impreso a distintos colores y en un papel de excelente calidad. Sanz Román se suma a esa estirpe de creadores que, como la Premio Nobel Herta Müller o ciertos artistas visuales, entienden que la literatura puede ser también una técnica de collage. Su juventud aporta una mirada contemporánea a los problemas derivados de la condición humana, convirtiendo su primera incursión editorial en testimonio de la sensibilidad de su generación.

El contenido de recortes diarios es un conjunto de setenta y tres poemas que funcionan como una bitácora de la existencia. La obra se abre con un frontispicio dedicado a la pandemia, una herida colectiva que aquí se traduce en un sentimiento de soledad e indefensión ante un futuro borroso. El uso de palabras subrayadas en esta apertura nos remite de inmediato a la esperanza y a lo cotidiano como anclajes de salvación. Desde ahí, el libro se despliega hacia una reflexión necesaria sobre el espacio propio, no solo el lugar físico donde se crea, sino el espacio vital necesario para la construcción del sujeto. Sanz Román nos habla de la casa, explorando la vuelta al hogar paterno como un símbolo de refugio y, al mismo tiempo, de redefinición de uno mismo.

La técnica utilizada por la autora añade un nivel de interpretación adicional, similar a lo que ocurre con los caligramas. Al utilizar recortes de periódicos como materia prima, Sanz Román otorga una segunda vida a palabras que nacieron para morir en un día de prensa. Esta dualidad entre el arte visual y la palabra escrita permite al lector entender la identidad como algo que se recoge y se ensambla. La poesía aquí es narrativa y filosófica, llena de ingenio y paradojas que invitan a una indagación personal. Algunos textos funcionan casi como mensajes en una botella lanzados al mar de la propia conciencia, buscando un alivio o una respuesta firme en medio de un mundo que, a menudo, se percibe como incomprensible.

Uno de los puntos más lúcidos del poemario es su capacidad para expresar la dificultad de vivir y las contradicciones internas. Hay una búsqueda, como cuando la autora indaga en «entender las divergencias entre lo que uno dice y lo que realmente piensa», un ejercicio de cavar hacia adentro del propio yo hasta encontrar un estrato de verdad indudable. Esta honestidad se tiñe a veces de una nostalgia particular: el anhelo por aquello que ni siquiera se ha llegado a conocer, un sentimiento que resuena con fuerza en los lectores que han sentido el vacío de las posibilidades perdidas durante el confinamiento.

recortes diarios es un libro bellísimo. Una recomendación no solo para ser leída, sino para ser poseída como un objeto de compañía. Un poemario que, al tocar sus lomos, promete al lector algo tan escaso como valioso: una sonrisa cómplice y la certeza de que no estamos solos en nuestra búsqueda de un horizonte