"Óxido", una novela negra con ambición y con alma.
Por Sandra de Oyagüe
En Óxido, Antonio Marqués Moreno se adentra en las aguas turbias de la novela negra con una propuesta que va más allá del entretenimiento. Desde la primera escena, el hallazgo de un cadáver reciente en una de las fosas comunes del cementerio de Paterna, la historia se tiñe de un simbolismo inquietante. Que un muerto de hoy aparezca entre los muertos del franquismo no es casual: es una metáfora poderosa de cómo el pasado nunca desaparece del todo, sino que sigue contaminando el presente. Esa idea de corrosión, de lo que queda oculto bajo capas de silencio y mentira, atraviesa toda la novela y justifica el título con precisión: el óxido es la huella del tiempo, la prueba de que lo que se intentó ocultar acaba por salir a la luz.
El encargado de investigar es Paco Ferragut, detective privado en la cincuentena, descrito como “cis y hetero” pero en pleno proceso de deconstrucción personal. No es el típico héroe infalible: tiene dudas, contradicciones, arrastra un cansancio vital, pero también conserva una ironía seca y una mirada que sabe leer lo que otros prefieren ignorar. Ferragut no es un mero arquetipo del género, sino un personaje construido con matices, cercano y humano. Su investigación se convierte también en un viaje hacia sí mismo, en un modo de enfrentarse a un mundo que ya no encaja con sus viejas certezas.
A su alrededor se despliega un elenco de personajes bien definidos. Está Mai, joven sumiller con carácter y con la disciplina marcial del aikido, que aporta un contrapunto fresco y vigoroso al protagonista. El inspector Contreras, antiguo compañero de Ferragut, es la encarnación de la amistad compleja, teñida de recelos y lealtades ambiguas. Marisa, abogada y confidente, representa la inteligencia práctica y el compromiso. Y el tío Mig Ou, figura entrañable y sabia, ancla la narración en una cierta memoria popular que también resulta decisiva. Ninguno de ellos está de adorno: todos contribuyen a darle cuerpo a una historia que, aunque parte de un crimen concreto, es también un retrato social.

El asesinato de Chema Cuadrado, hijo mayor de un poderoso empresario valenciano, pone en marcha la trama. Su padre, José María Cuadrado, ejerce de motor de la investigación al encargar a Ferragut que descubra al culpable. Pero pronto se entiende que detrás de esa familia influyente hay más que un simple caso criminal: hay intereses cruzados, ambiciones desmedidas y una sombra alargada de corrupción. El escenario es la Valencia contemporánea, con su brillo moderno y, al mismo tiempo, con las cicatrices de su historia reciente. La ciudad no es un simple decorado, sino un personaje más, cargado de tensiones y contradicciones.
La novela se mueve con soltura entre la intriga policial y la crítica social. La investigación avanza con giros, sospechas y revelaciones, pero nunca se limita al “quién lo hizo”: también se pregunta por los porqués, por las complicidades históricas, por las heridas que aún no se han cerrado en España respecto a la memoria del franquismo. Esa doble capa le da densidad: es un thriller, sí, pero también una reflexión incómoda sobre cómo las injusticias no resueltas se enquistan y terminan condicionando nuestro presente.
El estilo de Marqués Moreno es directo y eficaz. La prosa evita artificios innecesarios, pero sabe detenerse en los detalles cuando lo necesita. No busca deslumbrar con florituras, sino con una cadencia clara que mantiene al lector dentro de la trama. Hay momentos de humor ácido, de observación crítica, y también pausas reflexivas que enriquecen la experiencia. Quizá para quienes busquen una acción sin descanso, esos altos en el camino puedan resultar lentos, pero para mí son precisamente los que distinguen a Óxido de una novela negra convencional.
Lo que más me ha gustado es la manera en que la novela entrelaza lo íntimo y lo colectivo. Por un lado, seguimos a Ferragut en su viaje personal, con sus dudas y contradicciones; por otro, asistimos a un relato sobre cómo la sociedad española sigue dialogando —o evitando dialogar— con su propio pasado. Ese cruce es lo que hace de Óxido una lectura necesaria. La intriga engancha, los personajes convencen y la atmósfera resulta verosímil, pero lo que perdura es la incomodidad de sus preguntas: ¿qué hacemos con las heridas que no cicatrizan?, ¿hasta qué punto hemos normalizado la corrosión moral que deja la impunidad?
En definitiva, Óxido es una novela negra con ambición y con alma. Antonio Marqués Moreno demuestra que el género puede entretener sin renunciar a la crítica ni a la memoria. Es una lectura recomendable para quienes buscan algo más que un enigma resuelto: para quienes disfrutan de una historia que entretiene mientras les obliga a pensar en las grietas de la sociedad. Y como ocurre con el óxido, esas grietas, por mucho que se intenten ocultar, siempre terminan saliendo a la superficie.