Fran Estevan
Mis padres dicen que empecé a escribir de niño, con siete u ocho años. Cuentan que me encerraba a escribir historias de ciencia ficción y que tiré algunas líneas de algo parecido a una narración que titulé Viaje a Andrómeda, pero lo cierto es que, aunque no me resulta ajena la anécdota (la libreta nunca ha vuelto a aparecer), yo recuerdo haber empezado a escribir en la adolescencia. Ensayaba versitos imitando a Espronceda, a Góngora, a Quevedo. Entonces la poesía era solo rima. Mi abuelo perdió la vista y yo le recitaba por las noches. Leía mucho más que escribía. A los dieciséis descubrí a Lorca. Mi vida desde entonces fue intentar comprender su universo infinito. Fruto de esas primeras introspecciones es mi primer poemario, Donde arpegian los violines. En aquella época compaginé mi trabajo como columnista en Diario Levante con los artículos lite.